Un campo de batalla

Por alguna razón que no acabo de explicarme, mis palabras formaron frases tristes y de desesperanza ante el sabor a miedo que va dejando la irremediable enfermedad cuando decide entrar por la ventana, haciéndolo sin pudor y sin miramiento, ensombreciendo las vidas de la gente, que hasta ese instante eran solo sueños.

Pero después de leer mi escrito, algo dentro de mí se ha revelado y he decidido que no pienso quitar ni un ápice de esperanza ni agriar un solo segundo de la existencia de aquellos que luchan sin tregua ante la dichosa enfermedad; primero porque no tengo derecho, y segundo porque creo en la lucha y en la capacidad de victoria.

Es verdad que al principio, el miedo se entremezclará con el aire al respirar, se agolpará en la garganta y luego correrá por la sangre, convirtiéndola en un líquido espeso difícil de circular, pero luego, todo se normalizará y comenzará la lucha sin cuartel y sin tregua, siempre con el mejor de los aliados, la esperanza  ¡Así ha de ser!

Al fin y al cabo la vida para todos no es más que un campo de batalla en el que cada uno tiene su propia contienda, y en el que solamente la confianza da la fuerza necesaria para seguir adelante, haciendo así la pelea un poco más fácil.

 

 

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2 Comentarios

  1. María 6 de noviembre de 2015 at 12:11

    Un texto triste pero lleno de esperanza. Una lucha sin cuartel contra una enfermedad que no da tregua.
    Precioso, pero lleno de nostalgia.
    Un besillo.

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    1. Pilar Serrano 7 de noviembre de 2015 at 11:04

      Gracias María por estar por estar por pasar por aquí.

      Responder

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