Lúa

Lúa, ese es su nombre. Era una cosita pequeña pero vivaracha, estaba abandonada a su suerte, perdida en un mundo inhóspito, en el que solo el más fuerte está destinado a vivir; pero ella demostró desde el primer momento ser una campeona que lo único que hizo fue luchar por sobrevivir.

Maulló incansable sin darnos opción alguna, maulló sin tregua y sin fin, ella en el suelo, nosotros en las alturas, pero sus ojos azules y su mirada humilde y altiva a la vez se nos clavó desde ese primer minuto en el que decidió que seríamos sus dueños, eso es un decir, teniendo en cuenta que un gato nunca tendrá de esas cosas.

Lúa, la reina de la casa
Lúa, ella nos eligió

Desde los primeros días entre nosotros se fue entremetiendo en nuestras vidas, hilando poco a poco con su ronroneo y su ternura gatuna esa relación futura a la que estábamos destinados.

Los primeros cuidados, las visitas al veterinario, vacunas, higiene y esterilización, todo fue para nosotros un mundo nuevo en el que tuvimos que ir aprendiendo como cuidar a un animal del que apenas conocíamos nada.

Lúa, un poco cotilla
Lúa, la gata curioa

Lo cierto es que en pocas semanas Lúa se había adaptado perfectamente, y nosotros paso a paso y día a día aprendimos sus necesidades y todas aquellas cosas que más le gustaban.

Poco a poco nos enseñó el significado de sus diferentes maullidos, y todo lo que con ellos es capaz de pedirnos y contarnos, porque mi gatita nos demostró desde el principio ser una comunicadora nata, para ella expresarse es algo muy fácil, os lo aseguro.

Todo nos lo cuenta con sonidos y  ritmos diferentes, comer, beber, cazar, salir, entrar, pelearse con otros gatos, defenderse, huir y hasta saludarnos, cada acción nos la canta de una manera totalmente distinta a la otra, de esa forma siempre sabemos lo que quiere o lo que necesita.

Con ella hemos aprendido, que al igual que entre las personas, la relación con un gato funciona perfectamente desde el respeto.

Para aquellos que les temen, les diré que si los tratan con consideración ellos siempre les respetarán. No a los gritos ni a las brusquedades, no a querer dominarlos, ellos son un espíritu libre, simplemente respeto y cariño y así llegarán a tener un amigo incondicional.

Lúa,siempre cerca
Es feliz en cualquier lugar de la casa

No hace falta compararlos con los perros, además de que las comparaciones son odiosas, lo cierto es que son animales muy diferentes. Cada uno en su lugar.

Hoy, después de casi tres años con Lúa sé que ella tuvo mucha suerte de encontrarnos, pero estoy segura de que también nosotros la tuvimos al encontrarla a ella.

 

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6 Comentarios

  1. Patricia 25 de septiembre de 2015 at 19:35

    es una historia hermosa, los gatos son animales fascinantes y excelentes compañeros!

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    1. Pilar Serrano 26 de septiembre de 2015 at 21:09

      Muchas gracias por leer mi entrada y comentar.

      Responder
  2. Sue 25 de septiembre de 2015 at 19:49

    Los gatos son fascinantes. Lua se parece mucho a Luna, mi gata, que hace ya casi cinco años que falta de mi lado. Aún hoy la echo de menos.
    Disfruta de tu gatita.
    Ah, y ten por seguro que la gata es la dueña de todos vosotros, jajaja.
    Un abrazo.

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    1. Pilar Serrano 26 de septiembre de 2015 at 21:17

      Pues sí, cuando nos faltanes muy triste y cuesta superarlo,eso solo lo entendemos los que los sentimos de esa forma.Un beso y gracias por leerme.

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  3. erika martin 28 de septiembre de 2015 at 22:49

    Hola Pilar,
    es preciosa tu gata, que ojazos.
    Los animales (gatos o perros) nos enseñan muchas cosas. Soy de las que piensa que los humanos aprenden más de ellos que a la inversa.
    Sigue disfrutando mucho de ella y de sus travesuras. Ah!! y dale unos mimitos de mi parte ;)
    Un besote

    Responder
    1. Pilar Serrano 28 de septiembre de 2015 at 23:34

      Muchas gracias, no dudes que le daré unos besillos de tu parte. Un abrazo.

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