
Carta de una hija sobreprotegida
Carta de una hija sobreprotegida y un tanto asfixiada por su madre:
Gracias mamá por quererme, por darme tantas cosas, incluso las que nunca te pedí, gracias por estar siempre, siempre ahí, hasta cuando quería estar sola, y por atender mis problemas, aunque los haces tan tuyos que a menudo me provoca que mis preocupaciones se dupliquen.
Gracias mamá porque sé que vives para mí desde aquel primer día que te dijeron que yo nacería, pero creo que tanta protección a lo largo de mi vida me ha dejado huella, y ahora quisiera comenzar a respirar sola.
No quiero ofenderte, pero necesito tenerte cerca solo lo suficiente. Cuando me observas, y sé que lo haces demasiado a menudo, una sensación de asfixia me recorre el cuerpo, sintiéndome juzgada, censurada y perdonada, a veces, incluso todo al mismo tiempo.
He llegado a un punto que tu actitud me abruma, impidiéndome ser yo misma, esto es algo que siento dentro mí y que provoca mi rebeldía, una rebeldía que sintiéndolo mucho va dirigida a ti, y yo no querría hacerte daño, porque no te lo mereces.
¡Qué hubiera hecho yo sin ti! Pero hoy necesito aire, espacio, equivocarme, caerme y levantarme y hacerlo yo sola.
Me has hecho cómoda e inconformista. Recuerdo cuántas veces decías «no pasa nada» y yo me lo creí y ahora mamá me doy cuenta que sí pasa, pero soy yo quien debe de buscar las soluciones.
Deja que nuestro cariño fluya de forma natural y déjame caer, aunque solo sea un poco, para demostrarte que sé levantarme sola, porque eso es algo que también necesito demostrármelo a mi misma.
Te quiero objetiva, porque es así como únicamente puedes ayudarme, viendo los problemas desde fuera, si los haces tan tuyos perderás la perspectiva, y entonces no encontraré en ti el apoyo que necesito.
Mamá cuando me abraces hazlo con firmeza, pero no me ahogues.
Exactamente es lo que me pasa a mí…yo no lo hubiese podido expresar mejor, ni lo he intentado por miedo a hacerle daño…¡un abrazo!
Lo cierto es que las madres no se dan demasiada cuenta, además todo lo justifican con el cariño.
A veces las madres somos demasiados protectoras, y no dejamos volar a nuestros peques. Genial relato. Un abrazo.
Mamaaaa, caíííí. ¡¡Caíste!! Siiii…Pues vas tener que intentar levantarte, que no está nadie en casa. Y yo, en estos momentos no puedo. SALUDOS Pilar.
Pozi, a veces es necesario que sea así. Saludos.