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Pequeña de trenzas doradas

Pequeña de trenzas doradas

Por el 25 de abril de 2019 en Apuntes con No comentarios

Pequeña de trenzas doradas, de fácil sonrisa y tímida voz, recuerdo tu imagen un tanto borrada, y pienso en los muchos sueños que te robé yo.

Te dejé plantada un día cualquiera, inmóvil, sin palabras, y me fui alejando de ti; porque no sé si lo sabes, pero siempre quise tenerte lejos, escapar de tus miedos y de tus fantasmas, y encontrar ese par de alas con las que poder volar.

Así fue como un día te corté las trenzas, y surgió la altivez de la juventud descarada, dejando que creciera el orgullo de la adolescencia, que casi todo lo puede.

No sin esfuerzo, te dije adiós, te fui relegando al olvido, sin darme cuenta que siempre seríamos dos, el pasado y el presente, los sueños y la realidad, lo que fui y lo que soy, el ayer y el hoy…

Pequeña de trenzas doradas, cargada de anhelos y quimeras, encadenada a prejuicios y a costumbres que en el fondo odiabas, pero así eran las cosas en aquellos momentos, y yo aprendería de ellas, y también de ti.

Cambié algunas de tus fantasías por realidades y tus miedos por valentía, aunque algunos queden; procurando vivir una vida libre de costumbres obsoletas.

Hoy, a pesar de los años, de las canas y de algún otro estrago que el tiempo va dejando, creo que te convertí en alguien más fuerte, pero las dos seguimos teniendo la misma esencia.

¡ Como me gustaría saber de ti, y preguntarte por aquellas cosas de las que nunca hablamos !

Saber como te sentiste, el día en el que te corté las trenzas, y preguntarte dónde escondiste tus sueños cuando los míos irrumpieron en tu vida.

Recuerdo tus inseguridades, esas que casi superé hablando de ellas, porque esa fue la única forma que tuve para vencerlas. Solo así, logré ahuyentar y esquivar a los fantasmas de entonces.

Pero cuando pienso en ti, tu imagen se mezcla irremediablemente entre las exigencias de los mayores, la protección exagerada y aquella educación torpe que te arrastraba a desobedecer esas normas impuestas que tanto odiabas, y que junto a las injusticias en nombre del cariño, hicieron de ti alguien contestataria y rebelde.

Pequeña de trenzas doradas, yo que te veía grande, hoy te siento frágil y vulnerable, pero cercana; a sabiendas, que aunque te fuiste para no volver, mucho de ti, quedó conmigo.

Porque mientras vivamos, nunca dejará de existir esa pequeña de trenzas doradas que todas llevamos dentro.

 

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