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La corrupción

La corrupción

Por el 16 de marzo de 2016 en Apuntes con No comentarios

La corrupción no es un problema en España es algo peor, es la forma de vida que muchos eligieron para vivir y que está resultando muy difícil de atajar, porque los que tendrían que hacerlo, en muchos casos, están metidos en ella hasta el cuello.

Cada mañana las noticias hacen de nuestro país un nido de corrupción cada vez más grande, en el que tenemos la impresión que se mire por donde se mire hay políticos, banqueros y empresarios con las manos sucias, gente avara que no se conformó con tener mucho, si no que ha pretendido llevárselo todo, y por supuesto, una vez acorralada escurre el bulto nombrando a unas cuantas cabezas de turco para disimular, y de esa forma, intentar acallar bocas.

Estamos en un  punto que aunque pueda ser un tanto injusto, los ciudadanos no nos fiamos de nadie, porque el que no ha robado lo ha consentido, o al menos no hizo todo lo necesario para que los ladrones fueran castigados, creándonos así la impresión de que son demasiados los involucrados, pertenecientes a todo tipo de ámbitos y partidos, sobre todo a los poderosos.

Ha robado la derecha sin que el Gobierno diera muestra de desprecio, ni el Presidente condenara con voz firme y contundente esos hechos, al menos como los españoles creemos que lo debería de haber hecho; pocas dimisiones se han exigido y menos aún se presentaron.

Rajoy mira para otro lado siempre que puede, y si no puede pues se coloca las orejeras y todo para adelante como si a su alrededor no ocurriera nada; la boca se le llena de decir que confía en los suyos y que todo lo deja en manos de los Tribunales, y eso refleja ante el país una pasividad que empieza a desesperar.

¿Qué vamos a decir de los socialistas? Pues que han sido unos embusteros, traidores a sus siglas y a sus principios, porque justo les han robado a los trabajadores, a esos que decían defender y representar. Miles de millones de euros que debían de ser empleados para formar a la gente y que se lo han llevado calentito, y nada sabemos de ellos; unas cuantas dimisiones, un puñado de cabezas de turco y a hablar de otra cosa, así  van dejando que pase el tiempo, y cuando queramos darnos cuenta prescribieron los delitos.

Es fuerte, pero en esto nos hemos convertido, en un país que ni siquiera cree en si mismo, ya que la avaricia desmesurada de un puñado de delincuentes nos has llevado a un callejón donde la salida queda aún lejos, en el que a muchos no les quedó más alternativa que creer en las promesas populistas que difícilmente podrían llevarse a cabo, historias que nos cuentan y en las que la democracia no es la bandera.

La corrupción es esa palabra con la que hemos aprendido a convivir, hasta tal punto que nos levantamos con ella e incluso la sentamos en nuestra mesa a la hora de comer, forma parte de nuestro diario.

 

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