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La ciega

La ciega

Por el 23 de junio de 2015 en Apuntes con No comentarios

La ciega, así la llamaban y siempre lo supo, pero nunca le importó.

Quizá fue su voz, su olor o el ritmo acompasado de su respiración, pero sin a penas conocerlo se enamoró de él, se sintió atraída sin motivos aparentes, envuelta por esos momentos que con solo tenerlo cerca le provocaban aleteos, algún que otro temblor y sensaciones hasta hoy desconocidas.

Puso sus manos temblorosas pero firmes en su rostro, y lo recorrió muy despacio, intentando con las yemas de sus dedos descubrir esos tantos rasgos que sus ojos jamás podrían ver, pero que después de unos minutos nunca olvidaría.

Sus dedos acariciaron sus párpados, reconocieron su nariz y por unos segundo se pasearon por sus cejas para luego, siempre despacio acariciar suavemente la piel aterciopelada de sus labios y dibujar con decisión la fina línea de su boca; llegado a este punto, unos instantes más tarde se encontraba perdida entre piel y piel, beso y beso, olores y sonidos.

Todos sus sentidos en alerta, despiertos y dispuestos a ser descubiertos, porque nada querían perderse ante tantas sensaciones nuevas y desconocidas, todos brotando como flores en primavera o como perlas en conchas recién descubiertas.

Ese día aprendió que no se necesitan ojos para amar, solo corazón.

 

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